
¿Alguna vez has escuchado que es mejor un tiempo de convivencia antes del matrimonio? Quizás tengas dudas de si es necesario vivir juntos antes de casarse o incluso algo conveniente. ¡Vayamos paso a paso, para aclarar las dudas!
En primer lugar: amar es una dicha y vivir el amor es un gozo. El papa Benedicto XVI, en una conferencia dirigida a novios, afirmó que el noviazgo es una etapa en la que la persona descubre su potencial de amor y halla el gozo de ser amada por otro ser. Y es que en esto consiste amar: amar es la manera más intensa de vivir; vivimos para amar y para amar en plenitud.
El hombre y la mujer cuya vocación es el matrimonio están llamados a procurar la santidad del ser amado, a vivir y a amar como Cristo nos amó, es decir, con un amor total, dispuesto a darse y a sacrificarse. Una pareja que sella su amor con el sacramento del matrimonio le entrega a Dios su vida y la vida de la familia que van a formar.
A pesar de lo que el mundo enseña hoy —promiscuidad, liberalismo, falsa sensación de libertad—, el matrimonio es el diseño de Dios para la familia.
Pensemos en esto: el matrimonio implica una donación total, tanto del hombre como de la mujer, en un camino de santidad donde ambos se toman de la mano con la mirada puesta en el cielo. Cada hogar que se forma está llamado a ser una iglesia doméstica, cuna de santidad, hogar de amor profundo.
Un tema controvertido a la hora de hablar del matrimonio es la convivencia previa de la pareja. Es muy común escuchar que una pareja convive sin casarse. Se alega que hay que probar, que hay que experimentar, que la pareja quizá no está lista para un compromiso mayor, pero sí para vivir juntos.
Jackie Angel, de Ascension Presents, nos presenta un pequeño video donde nos habla de por qué no debemos vivir juntos antes del matrimonio. Ciertamente, las voces del mundo sugieren que esto es lo mejor. Te quiero invitar a que juntos descubramos por qué el verdadero amor espera, y por qué quemar etapas puede terminar por quemar el amor.
Quiero aclararte a ti que lees esto, que no pretendo juzgar ni señalar; quiero que juntos caminemos a descubrir el regalo hermoso de la vocación al matrimonio y aprendamos a vivirlo correctamente.
Una de las primeras frases que me impactó en ese video es que quien habla decía que la pareja que escoge la convivencia sin estar casada está «jugando al matrimonio».
Tengamos clara una cosa: el matrimonio es un sello del amor de la pareja con Dios como testigo, e implica un darse en totalidad, no darse solo a medias o en una parte.
Y claramente, la única forma en que el hombre y la mujer pueden darse sin reserva es bajo el auxilio y la mirada de Dios, que custodia a esta pareja en el sacramento.
Jugar a ser esposos puede ser peligroso, porque al no existir una donación total, al no haber un compromiso completo, en cualquier momento uno de los dos puede dar por terminado su deseo de estar con la otra persona, lo que a la larga puede lastimar el corazón del otro.
Casarse y formar un hogar no es cosa del pasado. Hoy más que nunca debemos luchar y cultivar familias que sean verdaderos ascensores al cielo, familias cunas de santidad.
No nos dejemos llevar por voces que digan que primero hay que experimentar. No dejemos que el matrimonio se guíe por la cultura del descarte, es decir, «si nos va mal en la convivencia, entonces lo dejamos ahí». Creamos y luchemos por la idea del amor para siempre.
Puede que tengas miedo al matrimonio. Quizá has visto experiencias en familia o en amistades donde el vínculo matrimonial se rompió, y esto te hace dudar de la vocación.
No tengas miedo a amar para siempre. No porque alguien que conoces vivió una mala experiencia, tú la vas a vivir. Piensa: no porque a alguien le fue mal en una atracción de un viaje, tú vas a dejar de ir si tienes la oportunidad.
Recuerda siempre que el amor de verdad es un amor de donación y de entrega. Amar es sacrificarse, amar es darse, amar implica ser paciente, comprensivo y dócil.
Solo se puede vivir la auténtica dimensión del amor dentro del matrimonio. De lo contrario, solo se vivirían los beneficios de vivir juntos, dejando de lado la entrega y el sacrificio auténtico.
Lo opuesto a amar es usar. Recuerda esto siempre. Solo dentro de la unión matrimonial se ama en plenitud; se ama al otro con sus defectos, errores, miedos y dudas.
Fuera de esta unión no existe una donación total. Fuera del matrimonio no hay un compromiso cuyo testigo es Dios. No hay un «hasta la eternidad», sino más bien un «a ver cómo nos va». Amar es darse, amar es donarse, amar es para siempre.
Fuente: catholic.link
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