
Llega ya una de las épocas más hermosas del año. Comenzamos a alistarnos para recibir la Navidad. Una tradición que nos acompaña en este tiempo es la de encender las velas de la corona de Adviento. Quiero contarte cómo esta pequeña costumbre nos ayuda a preparar el corazón.

En el ambiente se respira poco a poco la Navidad, esa época hermosa donde celebramos que la eternidad llega a la tierra. El nacimiento de Jesús es gozo verdadero para el alma, y en Navidad recordamos lo que sucedió en Belén, motivo de gozo y de regocijo para el corazón.
Un nacimiento siempre es motivo de gozo y de alegría; piensa en un sobrino, en un hermano, quizás en el nacimiento de un hijo. ¡Cuánto más inmenso es el gozo al recordar la venida del Hijo de Dios (quien tanto nos amó que nos envía a su Hijo amado)!
¡Qué misterio tan grande, qué dicha tan hermosa, qué esperanza para el alma y qué bálsamo para el corazón es saber que la eternidad viene por amor a cada uno de nosotros!
Ante nuestros ojos se revela tan grande misterio, por lo que nuestra preparación debe ser plena y con mucho amor. Por esto, la Iglesia nos propone el tiempo litúrgico del Adviento, un tiempo para prepararnos, orar, esperar, creer, alegrarnos y, domingo a domingo, ir preparando el corazón para que el Niño Jesús que nace haga morada en nuestras almas.
Este tiempo hermoso se vuelve la oportunidad ideal para que el corazón se llene, se aliste y espere con regocijo la venida de aquel a quien los cielos no pueden contener: Jesús, el Salvador del mundo.

Una de las figuras que más sobresale en el Adviento es la corona y sus cuatro velas. El Adviento comprende el período que va desde la fiesta de Cristo Rey hasta la Navidad y está compuesto por cuatro domingos, en cada uno de los cuales se enciende una llama que debe avivar la esperanza de que pronto llegará Jesús.
La corona, adoptando viejas costumbres europeas, está hecha de ramas verdes, las cuales simbolizan la esperanza. Esta corona, usada originalmente en el invierno, evoca la esperanza de que pronto los árboles volverán a florecer.
Se coloca después de la fiesta de Cristo Rey, y cada domingo, junto a la meditación de las lecturas bíblicas, se enciende una vela, la cual nos recuerda que la venida del Mesías está muy cerca.

El uso de la corona era una tradición alemana muy antigua, simbolizando la espera de las cosechas. Más tarde, se adoptó en el catolicismo la corona hecha de ramas y follaje verde, que simboliza la esperanza del cristiano. La esperanza de que el Niño Jesús llegará, la esperanza de que, recorriendo el camino que lleva a Belén, llegaremos a aquel feliz encuentro con nuestro Niño que nace.
En torno a la corona, cada domingo, ponemos nuestras intenciones, meditamos las lecturas bíblicas y oramos para que nuestro corazón se prepare, para que nuestra alma anhele la venida de Jesús.
Cada domingo se pueden adquirir compromisos y hacer pequeños sacrificios que sirvan para que el alma esté atenta y dispuesta. Para que juntos velemos y oremos para ser testigos plenos de lo que sucedió en aquella noche oscura de Belén.

Cada domingo se enciende una vela en la corona, una vela que simboliza la luz, la espera de la luz que está por llegar. Debemos encender tres velas moradas y, el tercer domingo de Adviento, una vela rosada.
Las velas moradas simbolizan la espera, mientras que la vela rosada nos recuerda la alegría que debe tener nuestro corazón ante esta noticia tan grande, que es que Jesús ya viene.
Allanar el camino, preparar el corazón e incendiar el mundo entero, todo esto se debe hacer en el tiempo de espera, en el Adviento. Cada vela que encendemos debe acompañar con gozo nuestra alma. Porque la luz ya llega, porque la tiniebla nunca vencerá, sino que la luz de Cristo siempre va a triunfar.
Así que quiero invitarte a vivir este año el Adviento con mucho amor. Sobre todo, con esperanza, con la firme esperanza de que vendrá aquel que ama nuestra alma, aquel que con infinito amor nos amará.
¡No desaproveches esta época de gracia! Reúnete en familia, oren juntos en torno a la corona, prepárate en oración. Reconcíliate con Dios y que el Adviento te prepare, que tu corazón se alegre porque la eternidad ya viene llegando.
Fuente: catholic.link
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